Las obsesiones de un periodista

Todas las personas somos diferentes, por nuestra forma de pensar y nuestro carácter. Aunque hay personalidades similares, a cada uno de nosotros nos obsesionan diferentes aspectos de la vida, sobre los que pensamos y reflexionamos. En el caso de Christopher Hitchens, sus obsesiones estuvieron siempre ligadas a su profesión, el periodismo.

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E periódico El país recogía la noticia de la muerte del periodista polemista, Christopher Hitchens a los 62 años.  El propio medio lo define como una persona que era una metáfora de las ilusiones de la izquierda del siglo XX, algo que se reflejaba en su vida, en su literatura, en sus opiniones y artículos. Insistía también en las desilusiones de la gente de su tiempo. Sus ideas acerda de vencer a Estados Unidos en la guerra de Vietnam, creyó que podía derrotar al capitalismo salvaje. Las recogía en su libro como una persona que se adelantaba a su tiempo y a través de sus trabajos advertía de que el destino no era nada.

Creía y así lo reflejó en sus memorias, en la frase del autor Kierkegaard, quien afirmaba que estamos condenados a vivir hacia adelante y revisar hacia atrás constantemente. Hitch 22, es un paseo por la política como aprendizaje universitario y como experiencia de la vida, la dialéctica contra Dios, el descubrimiento del periodismo y por tanto es un libro dónde están plasmados los desengaños que a él le hicieron preferir la vida a la literatura.

Una vez quiso experimentar en su piel una forma de tortura que simula el ahogamiento, pero no fue la única obsesión peculiar de este polemista británico. En la guerra de Irak desde el principio apoyó la estrategia del gobierno de Bush. La izquierda estadounidense le repudió por ello, Noam Chomsky se convirtió en un enemigo. Pero esta postura le duró poco, Hitchens intentó posteriormente destruir a Bush en incontables artículos.

El ateísmo. Cuando su cáncer empezó a ganarle la lucha contra él mismo, le preguntaron que si empezaba a creer o pensar en Dios como consuelo al hecho de que cuando dejara de existir no habría nada, a lo que él contestó que estaba enfermo pero no loco. Su biblia Dios no es bueno incide en su odio por la religión.

El alcohol. “No ha habido nada que hubiera valido la pena cambiar por esa segunda botella” declaraba el propio Hitchens acerca de todo ese alcohol metido en su cuerpo durantes esas noches sin dormir. Obsesión que le acompañó hasta el final de su vida, cuando ya afirmaba que no miraba la hora para tomarse una copa.

Perteneció a la Internacional Socialista y se autodefinía como “Trotskista”, pero destacó el pobre papel de la izquierda de su Gran Bretaña natal que para él era motivo de frustración. Se enfrentó con religiosos, conservadores, liberales, abogados, políticos, escritores, cineastas y en general con todo el mundo.

María Jesús Molero Ramírez.

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